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El Tratado de Lies y Patzeries: paz, comercio y cooperación en los Pirineos

El Tratado de Lies y Patzeries, firmado la 22 d’abril de 1513 en el Plano de Arrem, (una esplanada de alta montaña situada en la vertiente francesa cerca del puerto del Portilhon, y que tenía ya una larga función como lugar neutro, donde se encontraban los representantes de los valles de los dos lados de los Pirineos para arreglar y tratar asuntos compartidos) es un de los acuerdos pirenaico más singulares y longevos que se encuentren vigentes en Europa.

Su nombre proviene de dos palabras occitanas: ligas (acuerdos o alianzas) y patzeries (pactos de paz), que demuestran el espíritu del documento: garantizar la convivencia y la cooperación entre valles franceses y españoles a ambos lados de los Pirineos.

Impulsado por las monarquías de Fernando II el Católico y Luis XII de Francia, en un momento histórico en que las dos coronas consolidaban su poder en Mediterráneo y en el sur de Francia, y necesitaban estabilizar sus límites pirenaicos, el Tratado reunió a numerosos territorios de montaña (especialmente al Valle de Aran, Benasque y Pallars de la parte española, y las zonas gasconas de Loron, San Béat o Coserans de la francesa) que compartían pastos, rutas de paso y economías profundamente independientes. Todos ellos estructurados alrededor de una economía de montaña basada en la ganadería, la madera, la lana, el vino y el pequeño comercio de proximidad.

A través del acuerdo, todos estos valles se comprometieron a mantener la paz, asegurar la continuidad del comercio y establecer normas comunes para el uso de los pastos, el tránsito de ganado y el intercambio de mercaderías, en tiempos de conflicto entre ambos reinos.

Más que un pacto diplomático, Lies y Patzeries fue un acuerdo práctico de colaboración cotidiana entre comunidades vecinas que, a pesar de pertenecer a dos Estados diferentes, compartían un mismo territorio montaña y unas mismas necesidades. Gracias a este tratado, se consolidó un marco estable de relaciones transfronterizas, que garantizó durante siglos la vida económica, social y cultural de estos valles. El Tratado no se mantuvo inamovible a lo largo del tiempo: fue confirmado o ajustado en los diversos momentos por el Valle de Aran y por los territorios vecinos, en función de los cambios políticos y administrativos.

Un acuerdo que preveía mecanismos para resolver conflictos entre vecinos (comisiones mixtas, jueces de paz local), definía conceptos como la restitución de ganado perdido en el territorio vecino y establecía normas para evitar pillajes y represalias, así mismo cuando España y Francia se encontraban oficialmente en guerra.

En paralelo, los principios de Lies y Patzeries inspiraron otros acuerdos locales de Lies y Patzeries en los Pirineos, con la misma lógica: proteger el comercio, garantizar los derechos tradicionales de uso sobre la tierra y los recursos, y evitar los grandes conflictos internacionales.

Cinco siglos después, el espíritu del Tratado continúa como un referente histórico de cooperación pirenaica. Su legado recuerda que la convivencia, el diálogo y la gestión compartida del territorio han sido, desde hace más 500 años, una parte esencial de la identidad del Valle de Aran. A través del Tratado de Lies y Patzeries, Aran no se muestra como una zona aislada, si no como un punto donde se cruzan itinerarios, intereses y relaciones históricas con los valles vecinos franceses y españoles, lo que refuerza una identidad propia basada en la apertura, en la negociación y en la cooperación de montaña.