A lo largo de su historia, Aran ha sabido preservar una identidad política y social propia en contextos cambiantes. Uno de los símbolos más claros de esta singularidad es el Galin Reiau, un tributo que durante siglos representó mucho más que una obligación fiscal: fue la base de un pacto de protección, autonomía y reconocimiento institucional.
El origen del Galin Reiau se remonta al Tractat dera Emparança, firmado en el 1175, por el cual el Valle de Aran pasó a integrarse bajo la protección de la Corona de Aragón. A cambio del amparo real, cada hogar aranés tenía que pagar un tributo anual que consistía en un galin: una medida de grano —alrededor de diez litros de trigo— correspondiente a la producción de un terreno concreto. Este impuesto directo, pagado por “fuego” o casa, garantizaba la protección del monarca y el respeto a las particularidades del territorio.
Este acuerdo se consolidó definitivamente en 1313, con la firma del Querimònia bajo el reinado de Jaime II. El documento reconocía los derechos históricos de Aran y establecía un amplio grado de autogobierno: gestión de bosques y pastos, régimen económico propio, organización institucional y exención de impuestos externos. La sola obligación permanente para la Corona era pagar el Galin Reiau.
La fuerza de este pacto fue tal que, incluso después del Decreto de Nueva Planta de 1717, que suprimió los poderes catalanes, Aran mantuvo sus instituciones y privilegios. De nuevo, el Galin Reiau actuó como garantía de continuidad: el tributo permitió el mantenimiento del Conselh Generau, las normas propias y el sistema de representación territorial.
Durante siglos, los documentos de estos privilegios quedarían recogidos en el simbólico Armari des Sies Claus, el armario de las seis llaves, una por cada representante del Conselh. Hoy se conserva en el Musèu dera Val d’Aran como testigo material d’un modelo político singular basado en el acuerdo y la corresponsabilidad.
Más allá de su valor económico, el Galin Reiau representa una idea profundamente arraigada en la historia aranesa: la capacidad de decidir sobre los propios asuntos. Un principio que, siglos después, continúa formando parte del ADN político y cultural de Aran, y que conecta pasado y presente a través de un gesto simbólico que todavía hoy se recuerda de manera ceremonial.

