Hay nombres que no pertenecen únicamente a los libros, sino a la memoria colectiva de un pueblo. Figuras que, más allá de su tiempo, ayudan a explicar quiénes somos y de dónde venimos. Mn. Josèp Condò Sambeat (1867–1919) es una de ellas. Considerado el gran poeta de Aran, su obra no solo marcó un hito literario, sino que contribuyó decisivamente a dar forma y dignidad a la expresión escrita en aranés en un momento clave para nuestra historia cultural. Recordarlo es, en cierta manera, volver a los orígenes de la literatura aranesa moderna.
Nacido el 29 de marzo de 1867 en Montcorbau, en Casa Puig de la calle Santa Estèue, mostró desde muy joven una profunda inclinación religiosa. Tras formarse en el Seminario Conciliar de la Seu d’Urgell, fue ordenado sacerdote en 1891. Su trayectoria pastoral lo llevó por parroquias catalanas y aragonesas antes de regresar definitivamente a Aran, donde ejerció su profesión en los pueblos de Gessa, Salardú y Bossòst. En esta última localidad falleció el 5 de agosto de 1919, a los 52 años, dejando una obra que con el tiempo sería reconocida como fundacional.
En su vida, fe y territorio no fueron realidades separadas. Su compromiso religioso se evidenció tanto en el ejercicio pastoral como en la escritura. Tradujo al aranés el catecismo de la época y publicó en 1914 Escuela de perfección espiritual, dirigida a otros sacerdotes. Sin embargo, su aportación más larga y duradera fue literaria. En una época de carencia de una tradición escrita consolidada aranesa, Condò demostró que podía ser lengua de alta expresión poética y reflexión cultural.
Durante su etapa formativa coincidió con otros araneses con inquietudes literarias, en un contexto marcado por la revitalización cultural que vivían tanto Catalunya como Occitania. Estableció contacto con los felibres occitanos y defendió la unidad de la lengua y la literatura occitanas, aunque su obra permaneciera profundamente enraizada en la realidad aranesa. Participó asimismo en certámenes literarios catalanes y publicó en revistas culturales de la época, convirtiéndose en una figura que encarnaba la posición histórica de Aran como territorio de enlace entre mundos culturales.
También destacó como estudioso de la lengua. Sus reflexiones influyeron en investigadores posteriores como Joan Coromines, y dejaron huella en trabajos lexicográficos del siglo XX que contribuyeron a sistematizar el estudio de las lenguas románicas. Esta dimensión intelectual refuerza la idea de que Condò no fue únicamente un poeta inspirado, sino un hombre consciente del valor cultural y político de la lengua.
De carácter introvertido y vida sencilla, coherente con su condición sacerdotal, nunca buscó protagonismo público. Sin embargo, su legado terminó situándolo en el centro de nuestra historia cultural. En 1982 fue reconocido como “Persona ilustre del Obispado” por el Obispado de Urgell, y años más tarde el Conselh Generau d’Aran creó el certamen literario que lleva su nombre, contribuyendo a mantener viva la creación en aranés.
La importancia de Mn. Josèp Condò Sambeat no radica únicamente en la calidad de su poesía, sino también en lo que ésta significó para Aran. Con él, la lengua dejó de ser solo vehículo cotidiano para convertirse también en instrumento literario y de afirmación cultural. En su figura resulta difícil —si no imposible— separar al escritor del país. Su obra fue, y sigue siendo, una forma de arraigo compartido.

