España ha sido el primer país en decir no a la guerra de Estados Unidos e Israel en contra de Irán, porque este ataque es injusto, ilegal y unilateral. Contradice el orden internacional basado en reglas y cualquier mandato de la ONU. Una guerra que, como toda guerra, provoca sufrimiento en la región y nefastas consecuencias económicas para el mundo. Porque el motivo de la guerra todavía no está claro, y nunca se ha centrado en democratizar un régimen teocrático e injusto, como otros que existen en la región, pero aliados éstos de Occidente.
El presidente Pedro Sánchez ha encabezado una oposición digna y moral, seguida después por los países europeos, que ven que esta guerra puede afectar a su economía de forma grave. España se encuentra así, al frente de la defensa de la paz y el derecho internacional. Además, el gobierno central ha preparado una batería de ochenta medidas, valoradas en más de 5.000 millones de euros, para proteger a las empresas y familias del país frente las consecuencias de esta guerra. De esta forma, España se convierte en uno de los países de la UE con el escudo social más fuerte y potente.
Por contra, la oposición de PP y Vox sigue obsesionada con hacer caer al gobierno del presidente Sánchez, mientras hace seguidismo de las políticas extremas de Trump y la derecha autoritaria mundial. Una oposición perdida, desorientada, sin proyecto político, ni programa social ni económico.
Pese a la derecha española, el gobierno de coalición progresista se esfuerza en ofrecer certezas, con una política que garantiza la autonomía energética que disminuye los efectos de la escalada de precios y protege a las familias más vulnerables. Por ello, este gobierno es más necesario que nunca: a favor de la paz, de la protección social y de una prosperidad justa y compartida.

