En Unha, la política tiene cara y nombre propio. Está pegada a la vida cotidiana y se hace a escala de calle, de plaza y de vecindario. Y tiene también un claro protagonismo femenino: tres mujeres lideran la EMD de Unha.
En un pueblo de tan solo 125 habitantes, las decisiones públicas no se quedan detrás de la puerta de un despacho. Llegan enseguida a las calles, a las casas y a las conversaciones entre vecinos. Aquí, todos nos conocemos. Y eso hace que la política sea más cercana, más directa y, al mismo tiempo, mucho más personal.
Al frente de la EMD de Unha hay tres mujeres. Tres personas que han decidido dar el paso, implicarse en la gestión y asumir una parte de la responsabilidad sobre el presente y el futuro del pueblo.
Su presencia tiene un doble significado. Por un lado, muestra que la política local también puede tener un protagonismo femenino. Por otro, habla de la realidad de las pequeñas comunidades, donde la vida pública no puede separarse de la vida cotidiana.
En Unha, como en muchos pueblos de montaña, las mujeres han sido siempre una pieza fundamental de la vida colectiva. Han estado presentes en la familia, en la organización de las fiestas, en la vida asociativa y en el trabajo diario que hace posible que el pueblo continúe vivo. Ahora, esa implicación también ha llegado al lugar donde se toman las decisiones.
Hacer política donde todos nos conocemos
Hacer política en un pueblo pequeño no es lo mismo que hacerla en una gran ciudad. Los problemas tienen una dimensión más concreta y las relaciones entre las personas, también. La distancia entre ser cargo público y ser vecino es muy pequeña.
Las tres mujeres de la EMD conocen esta realidad muy de cerca. Las decisiones no son anónimas: se toman en un entorno donde, al día siguiente, te encuentras con los mismos vecinos en la calle, en la tienda o en una fiesta.
Por eso, esa proximidad obliga a escuchar y a dialogar. Y, al mismo tiempo, puede convertirse en una fortaleza, pero también en una gran responsabilidad. En un pueblo pequeño, cada decisión tiene un impacto directo y, a menudo, puede generar opiniones, debates y discusiones entre personas que volverán a verse y a compartir espacios inmediatamente después.
La EMD nace, en buena medida, de esa voluntad de participar y de dar voz al pueblo. Su cometido no es únicamente gestionar el día a día, sino también pensar qué Unha se quiere para los próximos años y para las futuras generaciones.
Ser mujer en la política local
Que sean tres mujeres quienes llevan la unión vecinal en Unha no es un detalle menor. En los últimos años, la presencia de las mujeres en la política local ha ganado espacio. Sin embargo, en los pueblos pequeños, esta cuestión tiene una dimensión particular.
Aquí, las responsabilidades públicas se mezclan mucho más con la vida personal y profesional. El tiempo es limitado, las personas que participan son pocas y muchas tareas recaen sobre las mismas personas. Por eso, la participación política de las mujeres habla también de conciliación, reconocimiento y visibilidad.
Pero la historia de las tres mujeres de la EMD no es únicamente una historia de mujeres: es la historia de un pueblo donde las personas que toman las decisiones son las mismas que viven el día a día de la comunidad, conocen sus problemas y forman parte de sus relaciones.
El futuro de Unha
Detrás de la política y de las decisiones que se toman en un pueblo como Unha hay, en última instancia, una cuestión mayor: ¿qué futuro quiere tener el pueblo? ¿Cómo mantener viva una comunidad? ¿Cómo hacer que los jóvenes puedan quedarse en el pueblo? ¿Cómo conservar la identidad de Unha sin convertirlo en un lugar destinado únicamente a los visitantes? ¿Cómo garantizar servicios y, al mismo tiempo, respetar la realidad de una pequeña comunidad de montaña?
No hay respuestas fáciles, pero sí una certeza: en Unha, las decisiones deben ser tomadas por personas que conocen de primera mano el pueblo y que viven y saben cuál es su realidad. Tres mujeres han decidido estar en primera línea de esa responsabilidad. No como una excepción, sino como parte de la evolución natural de la vida pública del pueblo.
Porque en un lugar de 125 habitantes, la política no se hace en las urnas: se hace cada día, escuchando, discutiendo, dialogando, llegando a acuerdos y, sobre todo, decidiendo qué futuro se quiere construir para Unha.
Y es aquí, quizá, donde se comprende la verdadera dimensión de la EMD: dando al pueblo una forma directa de participar en su vida pública y haciendo que sus habitantes tengan voz sobre lo que quieren que Unha sea mañana.

