El17 de junio, Aran celebra su fiesta nacional. Una jornada marcada por los actos institucionales, la procesión hasta Mijaran, los tradicionales «pendons» de los terçons forman parte de la memoria colectiva del país. En los últimos años, la celebración se ha abierto también a nuevos espacios culturales y participativos, con actividades como el festival TerSon, Eth son dera tèrra, con conciertos, actividades para toda la familia, puertas abiertas de museos, etc acercando esta conmemoración a toda la ciudadanía.
Pero esta celebración va mucho más allá de los actos y actividades actuales: es también el recuerdo de un largo recorrido histórico ligado al autogobierno y a la defensa de las instituciones propias de Aran.
Su origen se remonta mucho más allá de la restitución del Conselh Generau d’Aran en el año 1991. Para comprender el significado del 17 de junio es necesario retroceder hasta el siglo XIV, cuando el rey Jaime II concedió a Aran la Querimònia en 1313. Este documento, considerado la carta magna de Aran, otorgaba unos privilegios a los araneses y aranesas reconociendo sus derechos, libertades y la organización política propia del Valle de Aran.
A partir de ese momento, Aran mantuvo durante siglos un sistema de gobierno propio basado en los terçons y en el Conselh Generau d’Aran, instituciones que permitían al territorio administrar y gestionar muchos de sus asuntos internos. La singularidad geográfica, lingüística e histórica del Valle fue reconocida por distintos monarcas a lo largo del tiempo.
Este autogobierno llegó a su fin en 1834, con la reorganización territorial del Estado español y la creación de las provincias. Este proceso supuso la desaparición de las instituciones tradicionales aranesas, y Aran restó incorporado a la provincia de Lleida y el Conselh Generau desapareció, poniendo fin a más de cinco siglos de historia.
A pesar de la pérdida de las instituciones, la conciencia colectiva aranesa no desapareció. A lo largo de los siglos XIX y XX, muchas generaciones mantuvieron vivo el recuerdo de los derechos históricos del país y de su singularidad e identidad diferenciada.
Después de la recuperación de la democracia, esta reivindicación histórica cobró aun más fuerza. El 26 de junio de 1979, los representantes municipales elegidos en las primeras elecciones democráticas constituyeron en la iglesia de Cap d’Aran la Comisión Gestora Intermunicipal, con el objetivo de alcanzar ña reinstauración de las instituciones propias aranesas. Poco después nacería el Conselh Generau Provisional d’Aran, un paso decisivo hacia la recuperación del autogobierno aranés.
El reconocimiento de la especificidad aranesa comenzó con el Estatut d’Autonomia de Catalunya de 1979, que reconocía la realidad territorial diferenciada de Aran y recogía, aunque de forma todavía incipiente, sus peculiaridades histórico-administrativas. Aquel primer paso institucional se concretó posteriormente mediante un proceso legislativo más concreto de restauración del autogobierno aranés.
Finalmente, el Parlament de Catalunya aprobó la Ley de Régimen Especial de la Val d’Aran el 28 de junio de 1990, que restableció formalmente las instituciones propias del país y reconoció la singularidad política y cultural del Valle de Aran. En 1991 se celebraron las primeras elecciones al nuevo Conselh Generau d’Aran, que consolidaron este nuevo marco de autogobierno.
Por ello, la Hèsta d’Aran no conmemora únicamente la recuperación de una institución. Si no que es la expresión de una lucha y de una identidad colectiva que, pese a los cambios políticos y administrativos, ha sabido resistira lo largo de los siglos. El 17 de junio simboliza ese hilo histórico: el de un país que conservó viva la memoria de sus instituciones y que fue capaz de recuperarlas.
Así pues, la Hèsta d’Aran no es solo una celebración institucional ni una fecha conmemorativa, sino un punto de encuentro entre el pasado y el presente. Es la expresión visible de una memoria colectiva que ha permanecido viva a lo largo del tiempo.

